El terrorismo es el uso de la violencia para el logro de objetivos políticos. A partir del decenio de 1970 hubo un desbordamiento de atentados terroristas organizados por diferentes grupos en busca de la consecución de objetivos políticos. Había desde atentados perpetrados por el Ejército Republicano Irlandés en busca de la independencia de Irlanda hasta atentados al parecer sin sentido, sin un enemigo al frente, como la explosión de avión inglés de la TWA planeada por terroristas musulmanes.
El terrorismo es principalmente utilizado por grupos políticos que han abandonado el camino de la legalidad para enfrentarse a sus opositores. Son grupos por lo general demasiado débiles como para enfrentarse directamente contra su enemigo, que generalmente es el Estado. Se podría identificar un terrorismo dentro de las fronteras de un Estado (España y la Eta, Irlanda y el ERI, Turquía y la Hermandad Roja, Perú y Tupac Amaru, etc.) y el terrorismo que trasciende las fronteras de un Estado y que no está dirigido en contra del Estado soberano de donde provienen los terroristas sino contra un tercer país.
Los EE.UU. se ven afectado por los dos tipos de terrorismo, tanto el interno como el externo. El terrorismo motivado en contra del régimen norteamericano y efectuado por ciudadanos norteamericanos es de reciente aparición, o al menos últimamente nos hemos enterado; el ejemplo clásico es el atentado en Oklahoma City del 19 de abril de 1995. Sin embargo este atentado, al parecer inusual, reveló, luego de intensas investigaciones, la existencia de un gran número de estadounidenses inconformes con su propio gobierno y dispuestos a utilizar la violencia para hacerse oír. Otro caso lo tenemos con los intentos secesionistas de granjeros tejanos que incluso proclamaron su propia república a la que defendieron a sangre y fuego en meses recientes.
Pese a este surgimiento de terrorismo interno, EE.UU. se preocupa más por las amenazas del exterior, por los terroristas extranjeros que pudiesen afectar los intereses o a los ciudadanos norteamericanos. Y la amenaza es aún latente a pesar del fin de la guerra fría.
Se pensaba durante la guerra fría que la U.R.S.S. y sus aliados fomentaban al terrorismo. Se acusaba a menudo a la U.R.S.S. y a sus aliados de pertrechar y entrenar terroristas como parte de su estrategia para propiciar la revolución socialista a lo largo del mundo. Se señalaba a Corea del Norte y Cuba como países en los cuales se entrenaban "terroristas" (pero que más bien eran revolucionarios que peleaban por la libertad de sus países) para que sirvieran en las guerras de liberación nacional del Tercer Mundo. Así, durante la Guerra Fría Se entendía al terrorismo como otro frente de batalla en el conflicto bipolar; muchas veces era así, pero no en todas.
Algunas veces el terrorismo era resultado más de condiciones de opresión que de un conflicto entre potencias. Había regiones, por ejemplo el mundo árabe, en donde no precisamente el terrorismo se explicaba a partir del conflicto EE.UU.- U.R.S.S. Ahí, las condiciones de dominación y la inspiración religiosa inaguraron un período de guerra santa, guerra contra los infieles. El mundo árabe se convirtió en la nueva fuente de terrorismo internacional, identificando a Irán y Libia como los principales promotores de estos actos.
La política de contraterrorismo de EE.UU. está encaminada a prevenir, desbaratar y derrotar las operaciones terroristas antes de que estas ocurran y, si llegase a ocurrir alguna, buscar por todos los medios posibles hacer pagar a los perpetradores. La política norteamericana de contraterrorismo descansa en 4 principios fundamentales:
No ofrecer concesiones a los terroristas, no negociar con ellos
Presionar a todos los estados que patrocinen actividades terroristas
establecer convenios y alianzas internacionales contra el terrorismo
ayudar a otros países en su lucha antiterrorista
EE.UU. encamina sus esfuerzos a inhibir y castigar a los terroristas. En tal sentido en todo caso en que los actos terroristas afecten los intereses o a los ciudadanos norteamericanos, EE.UU. se reserva el derecho de atacar las bases y los bienes de los terroristas y de quienes los apoyan, como por ejemplo sucedió en 1993 cuando EE.UU. bombardeó Irak so pretexto de que se planeaba un atentado contra el presidente Bush, o cuando bombardearon Libia en 1983.
Los Estados están muy interesados en castigar los atentados terroristas porque estos actos muestran la debilidad y la incapacidad del Estado para proteger a sus ciudadanos e intereses.
Para hacer frente al terrorismo se plantea la necesidad de una cercana cooperación entre instituciones de inteligencia, diplomáticas e internacionales de todo el mundo.
En 1996, dentro de las reuniones del Grupo de los 8, se suscribió un documento en el cual se condenaba el apoyo iraní al terrorismo; al mismo tiempo iniciaron una serie de sanciones económicas en contra de Libia e Irán por apoyar, solapar y tolerar a grupos de terroristas.
En abril 4 de 1996 se creó una Fuerza de Respuesta ante Incidentes químico biológicos (Chemical/Biological Incident Response Force -CBIRF-) Este cuerpo es un ente estratégico dirigido, entrenado y equipado para contrarrestar las amenazas de terrorismo que utilice armas químicas o biológicas. La misión del CBIRF es responder a incidentes que involucren a este tipo de ramas a lo largo del mundo. El CBIRF puede proveer asesoría especializada y conjunta la participación de expertos internacionales en ciencia y medicina en el Electronic Reachback Advisory Group. Este órgano es quien se encarga de entrenar y asistir al CBIFR.
El CBIFR se despliega en las áreas afectadas por un ataque biológico o químico, de la manera más rápida posible, coordinando las tareas iniciales de ayuda y aislando la zona afectada. Posteriormente se dedican a detectar e identificar el elemento utilizado, para luego proceder a la descontaminación del sitio. El siguiente paso es el de proveer asistencia médica a las áreas y personas afectadas.
BIBLIOGRAFIA SUGERIDA
Fernando Escalante Gonzalbo, La política del terror, apuntes para una teoría del terrorismo, México, Grijalbo, 1989.
martes, 3 de julio de 2007
grafitti
Las pintas de graffiti realizadas en propiedades particulares o públicas del estado podrán ser motivo no solo de tres años de cárcel, sino de que el ministero público comenzara un proceso de oficio en contra de quienes incurran en esta conducta. El tema de fondo es considerar al graffiti como delito
Ante este tema se debate en estos días, en considerarlo como legal o ilegal, verlo como arte o como vandalismo, lamentablemente la balanza se inclina más a que el graffiti sea visto como algo ilegal, hay quienes argumentan que los legales son los que piden permiso para pintar, estos son los llamados graffiteros artistas y manifiestan que su objetivo es plasmar lo que piensan y lo que sienten es su forma de expresar. Los ilegales, que son la mayoría, son aquellos que literalmente hacen un pequeño comando que trabaja de noche y cada uno tiene su función: uno vigila y echa aguas por si viene alguien, otro se coloca para poder alcanzar ciertos lugares para pintar. Lo toman como un reto".
En esta cuestión se debate el circulo vicioso de poder percibirlo de una manera diferente, es cuestión del punto de vista del que queramos verlo, lo cierto es que el graffiti siempre va acompañado de su condición transgresora, extralimitada, combativa. Es este carácter, lo que consitutuye su esencia que es su ilegalidad.
El graffiti es una estrategia popular (no la única ni privilegiada) de desocultamiento, de desmitificación de un supuesto orden natural en la sociedad. El principal objetivo, el que impulsa a los escritores a pintar en las paredes, trenes o similares, es la necesidad común a cualquier tipo de arte: La necesidad de expresar con la suma de otra razón: La búsqueda de reconocimiento, salir del anonimato, de la masa, dejar constancia en nuestro paso por el planeta tierra . Pero no se trata sólo de eso, hay algo más...La función territorial dentro de las grandes ciudades constituyen otra causa (la gran urbe contemporánea que no se siente como propiedad sino como propietaria del individuo).
Efectivamente, un bote de spray no es un arma y un escritor de graffiti no es ni un terrorista ni un drogadicto, en contra de lo que muchos puedan pensar. Quizá se ha dedicado demasiado dinero y recursos, y al igual que sucedió en Nueva York se inicie una campaña parecida a la de 0 tolerancia aquí en Nuevo León, pero al final se intenta quitar un síntoma sin saber cuál es la enfermedad, solo paliativos que al final de cuentas se traducirá más adelante con otros nuevos brotes y quizá este nuevo vandalismo ya no sea tan pasivo como el graffiti.
Ante este tema se debate en estos días, en considerarlo como legal o ilegal, verlo como arte o como vandalismo, lamentablemente la balanza se inclina más a que el graffiti sea visto como algo ilegal, hay quienes argumentan que los legales son los que piden permiso para pintar, estos son los llamados graffiteros artistas y manifiestan que su objetivo es plasmar lo que piensan y lo que sienten es su forma de expresar. Los ilegales, que son la mayoría, son aquellos que literalmente hacen un pequeño comando que trabaja de noche y cada uno tiene su función: uno vigila y echa aguas por si viene alguien, otro se coloca para poder alcanzar ciertos lugares para pintar. Lo toman como un reto".
En esta cuestión se debate el circulo vicioso de poder percibirlo de una manera diferente, es cuestión del punto de vista del que queramos verlo, lo cierto es que el graffiti siempre va acompañado de su condición transgresora, extralimitada, combativa. Es este carácter, lo que consitutuye su esencia que es su ilegalidad.
El graffiti es una estrategia popular (no la única ni privilegiada) de desocultamiento, de desmitificación de un supuesto orden natural en la sociedad. El principal objetivo, el que impulsa a los escritores a pintar en las paredes, trenes o similares, es la necesidad común a cualquier tipo de arte: La necesidad de expresar con la suma de otra razón: La búsqueda de reconocimiento, salir del anonimato, de la masa, dejar constancia en nuestro paso por el planeta tierra . Pero no se trata sólo de eso, hay algo más...La función territorial dentro de las grandes ciudades constituyen otra causa (la gran urbe contemporánea que no se siente como propiedad sino como propietaria del individuo).
Efectivamente, un bote de spray no es un arma y un escritor de graffiti no es ni un terrorista ni un drogadicto, en contra de lo que muchos puedan pensar. Quizá se ha dedicado demasiado dinero y recursos, y al igual que sucedió en Nueva York se inicie una campaña parecida a la de 0 tolerancia aquí en Nuevo León, pero al final se intenta quitar un síntoma sin saber cuál es la enfermedad, solo paliativos que al final de cuentas se traducirá más adelante con otros nuevos brotes y quizá este nuevo vandalismo ya no sea tan pasivo como el graffiti.
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